-Cristina Kirchner. No hay mucho que agregar a lo que ya se sabe: la economía crece, no hay conflictos sociales graves, generó identificación tras la muerte de Néstor, mostró astucia y capacidad de aprendizaje para adaptarse una nueva coyuntura, y enfrentó a una oposición fragmentada y carente de ideas.
-Mauricio Macri. Los resultados electorales en la Ciudad y a nivel nacional demuestran que su decisión (de mantenerse en la Ciudad) fue correcta. Su buena performance lo preserva como un candidato importante de cara al futuro, y su cargo como Jefe de Gobierno le permite aguardar un decaimiento del buen momento del kirchnerismo desde una posición estratégica.
-Hermes Binner. En su primera elección nacional, tomó buenas decisiones, salió segundo, y se perfiló como uno de los principales referentes opositores. Además, inició la construcción de una fuerza política que, en principio, parece ideológicamente cohesionada y cuenta con figuras potencialmente relevantes de cara al futuro.
El blog de uno que se considera progre pero que se la pasa criticando los lugares comunes progres. Aunque a veces critica otras cosas.
jueves, 27 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
Los medios hegemónicos no convencen a nadie
Pregunta: si Cristina va a ganar las elecciones con más del 50% de los votos, el mayor porcentaje desde el retorno a la democracia, ¿no es absurdo hablar del discurso "hegemónico" de los medios de comunicación? Si los medios de comunicación son tan determinantes en las preferencias del electorado, ¿cómo puede ser que en medio de la mayor confrontación entre un gobierno y los principales grupos mediáticos, éste reciba semejante respaldo electoral? O acá hay una contradicción, en cuyo caso o bien Cristina no obtuvo más del 50% de los votos (imposible) o bien lo que dicen los medios de comunicación no es tan significativo políticamente. Salvo que que pensemos que el gobierno sacaría una cantidad de votos mucho mayor (digamos: 70%) si no fuera por los medios de comunicación. Eso, en base a la evidencia de los procesos electorales en todos los países, es extremadamente improbable.
O tal vez sea así: los medios nunca fueron tan determinantes políticamente como se dice, y si lo fueron, fue porque los demás actores les dieron ese lugar.
No es que no entienda que los discursos políticos admiten sin problemas la contradicción. El problema es que al final mucha gente termina confundiendo discurso político con realidad, que es mucho más selectiva con las contradicciones que los políticos.
O tal vez sea así: los medios nunca fueron tan determinantes políticamente como se dice, y si lo fueron, fue porque los demás actores les dieron ese lugar.
No es que no entienda que los discursos políticos admiten sin problemas la contradicción. El problema es que al final mucha gente termina confundiendo discurso político con realidad, que es mucho más selectiva con las contradicciones que los políticos.
sábado, 8 de octubre de 2011
jueves, 6 de octubre de 2011
Estabilidad, ¿corto o largo plazo?
Dice Nicolás Tereschuk:
¿Es inestable el sistema en la Argentina? ¡Es es-tabi-lí-si-mo! Acá y en toda América del Sur. El último intento de desestabilización fallido en Ecuador habla bastante de cómo está la región con ese tema.
Veo en este razonamiento un problema presente en muchos de los análisis de politólogos que simpatizan con el gobierno: el cortoplacismo. Pensar procesos políticos en períodos cortos (digamos, entre cinco y quince años) tiene sus beneficios, siempre y cuando no nos haga perder de vista que hay estructuras y procesos muchos más amplios. Hoy en día los sistemas políticos en América del Sur parecen estables, aunque habría que ver cuánta de esa estabilidad responde a la coyuntura económica favorable. Sin embargo, hace apenas diez años Argentina atravesó un colapso del sistema partidario, crisis de la autoridad estatal y discontinuidad institucional. Hace diez años que todo va bien, ¿pero eso significa que la estabilidad dejó de ser una cuestión central? ¿No podemos pensar procesos más amplios? No digo trescientos años, pero cuarenta o cincuenta. O más precisamente: procesos y estructuras que sobrevivan cambios coyunturales, especialmente económicos.
¿Es inestable el sistema en la Argentina? ¡Es es-tabi-lí-si-mo! Acá y en toda América del Sur. El último intento de desestabilización fallido en Ecuador habla bastante de cómo está la región con ese tema.
Veo en este razonamiento un problema presente en muchos de los análisis de politólogos que simpatizan con el gobierno: el cortoplacismo. Pensar procesos políticos en períodos cortos (digamos, entre cinco y quince años) tiene sus beneficios, siempre y cuando no nos haga perder de vista que hay estructuras y procesos muchos más amplios. Hoy en día los sistemas políticos en América del Sur parecen estables, aunque habría que ver cuánta de esa estabilidad responde a la coyuntura económica favorable. Sin embargo, hace apenas diez años Argentina atravesó un colapso del sistema partidario, crisis de la autoridad estatal y discontinuidad institucional. Hace diez años que todo va bien, ¿pero eso significa que la estabilidad dejó de ser una cuestión central? ¿No podemos pensar procesos más amplios? No digo trescientos años, pero cuarenta o cincuenta. O más precisamente: procesos y estructuras que sobrevivan cambios coyunturales, especialmente económicos.
Un empresario
¿Qué es un empresario? ¿Todos los empresarios son tipos que quieren ganar guita a cualquier precio? ¿Los empresarios son necesariamente egoístas? ¿Puede la Argentina llegar a tener empresarios como éstos?:
http://www.youtube.com/watch?v=HHkJEz_HdTg&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=HHkJEz_HdTg&feature=player_embedded
lunes, 26 de septiembre de 2011
Más allá del cambio de discurso
En un comentario anterior mencioné un cambio en el discurso de la Presidenta que, en principio, me parece positivo: correrse de la descalificación permanente a quienes critican al gobierno para centrarse en los méritos concretos de la gestión. Ese cambio discursivo parece ser efectivo en términos electorales, ya que permite a la gente disfrutar del buen momento económico y restarle importancia a la confrontación política.
Esto no implica, sin embargo, que el gobierno haya modificado integralmente sus estrategias de descalificación, e incluso intimidación, a quienes lo critican. Existe, por un lado, una red de medios desarrollada y solventada por el gobierno con recursos estatales, dentro de la cual se expresan los sectores más virulentos e intolerantes del kirchnerismo. Si bien Cristina se ha alejado discursivamente de estos sectores, su gobierno sigue financiando sus canales de expresión. Por otro lado, continúan las estrategias para-legales destinadas a intimidar a consultoras y, ahora, a periodistas que contradigan la versión oficial sobre los índices de inflación.
Me pregunto, entonces, si el cambio discursivo de Cristina es efectivamente positivo para el país o si, en cambio, no es más que una estrategia electoralmente exitosa que sirve para esconder los aspectos más negativos de su gestión. Porque si el gobierno agrede e intimida a quienes lo critican, ¿no sería al menos más transparente que la Presidenta expresara esa estrategia en sus discursos? ¿No es esta nueva Cristina más distendida y alegre en alguna medida una forma de esconder parte de lo que su gobierno expresa? No son preguntas retóricas.
Esto no implica, sin embargo, que el gobierno haya modificado integralmente sus estrategias de descalificación, e incluso intimidación, a quienes lo critican. Existe, por un lado, una red de medios desarrollada y solventada por el gobierno con recursos estatales, dentro de la cual se expresan los sectores más virulentos e intolerantes del kirchnerismo. Si bien Cristina se ha alejado discursivamente de estos sectores, su gobierno sigue financiando sus canales de expresión. Por otro lado, continúan las estrategias para-legales destinadas a intimidar a consultoras y, ahora, a periodistas que contradigan la versión oficial sobre los índices de inflación.
Me pregunto, entonces, si el cambio discursivo de Cristina es efectivamente positivo para el país o si, en cambio, no es más que una estrategia electoralmente exitosa que sirve para esconder los aspectos más negativos de su gestión. Porque si el gobierno agrede e intimida a quienes lo critican, ¿no sería al menos más transparente que la Presidenta expresara esa estrategia en sus discursos? ¿No es esta nueva Cristina más distendida y alegre en alguna medida una forma de esconder parte de lo que su gobierno expresa? No son preguntas retóricas.
martes, 20 de septiembre de 2011
¿Por qué crecemos?
¿Por qué la Argentina crece sostenidamente, sin sufrir los impactos de la crisis en las principales economía del mundo? Tiro una respuesta superficial y simplificada que, sin embargo, creo que es más realista que cualquier apelación a las virtudes de "el modelo".
Por sus características naturales, la Argentina es un país que puede producir mucha soja. La soja es un producto cuyo precio ha aumentado enormemente en los últimos años, principalmente (pero no únicamente) debido a la demanda china. Como la soja está cara, sus productores ganan mucho dinero. Y como la economía argentina es simple y poco diversificada, el Estado puede apropiarse de parte de esas ganancias para, mediante subsisdios y transferencias, controlar que las demás variables económicas se mantengan bajo control. Puesto que la capacidad de producir soja está determinada por características geográficas, no hay (por ahora) que competir con otros países en este rubro. Puesto que la producción de soja es un proceso simple, es decir, que no requiere muchos insumos, no hay demasiados riesgos en cuanto a los costos de producción. Esencialmente, mientras el precio de la soja se mantenga estable, el dinero seguirá entrando. Y mientras el dinero entre, el Estado podrá seguir financiándose con esos recursos.
¿Significa esto que el crecimiento económico no es un mérito del gobierno? Sí (no es mérito del gobierno): la Argentina crece por una coyuntura favorable que no responde a ninguna política del gobierno. ¿Entonces el gobierno no tiene nada que ver con el bienestar económico que vive el país? Sí (tiene que ver): el crecimiento económico puede y suele generar tensiones sociales y pujas distributivas que inciden en el reparto de lo que gana el país y potencialmente en el crecimiento mismo. O sea: el crecimiento económico no es mérito del gobierno, pero sí lo es: a) haber traducido ese crecimiento en una situación que la mayor parte de la ciudadanía encuentra satisfactoria; b) haber controlado los conflictos sociales y las variables económicas de forma tal que el crecimiento se mantenga por un período prolongado.
Por sus características naturales, la Argentina es un país que puede producir mucha soja. La soja es un producto cuyo precio ha aumentado enormemente en los últimos años, principalmente (pero no únicamente) debido a la demanda china. Como la soja está cara, sus productores ganan mucho dinero. Y como la economía argentina es simple y poco diversificada, el Estado puede apropiarse de parte de esas ganancias para, mediante subsisdios y transferencias, controlar que las demás variables económicas se mantengan bajo control. Puesto que la capacidad de producir soja está determinada por características geográficas, no hay (por ahora) que competir con otros países en este rubro. Puesto que la producción de soja es un proceso simple, es decir, que no requiere muchos insumos, no hay demasiados riesgos en cuanto a los costos de producción. Esencialmente, mientras el precio de la soja se mantenga estable, el dinero seguirá entrando. Y mientras el dinero entre, el Estado podrá seguir financiándose con esos recursos.
¿Significa esto que el crecimiento económico no es un mérito del gobierno? Sí (no es mérito del gobierno): la Argentina crece por una coyuntura favorable que no responde a ninguna política del gobierno. ¿Entonces el gobierno no tiene nada que ver con el bienestar económico que vive el país? Sí (tiene que ver): el crecimiento económico puede y suele generar tensiones sociales y pujas distributivas que inciden en el reparto de lo que gana el país y potencialmente en el crecimiento mismo. O sea: el crecimiento económico no es mérito del gobierno, pero sí lo es: a) haber traducido ese crecimiento en una situación que la mayor parte de la ciudadanía encuentra satisfactoria; b) haber controlado los conflictos sociales y las variables económicas de forma tal que el crecimiento se mantenga por un período prolongado.
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