Me parece bien que, después de los 90, el discurso político y las políticas públicas hayan recobrado valores como la política social, la asistencia a los que menos tienen y la defensa del interés general por parte del Estado. Creo también que, en ese aspecto, este gobierno muestra una ventaja frente a otros candidatos, quienes no muestran una preocupación igualmente activa en ese sentido. Lo que me preocupa es que, después de ocho años de kirchnerismo en un contexto de crecimiento económico importante e ininterrumpido, la cuestión social siga siendo encarada casi exclusivamente como un tema de asistencia estatal. Porque, hasta donde yo sé, la asistencia social contiene situaciones de emergencia o, como está ocurriendo cada vez más, le facilita a gente de bajos recursos adquirir bienes de lujo. Pero no integra a las personas que reciben la asistencia al proceso económico, ni les da elementos para estar mejor posicionados social y económicamente cuando la coyuntura cambie y el Estado no cuente con la misma capacidad asistencial.
En ese sentido, me parece que este gobierno no es ni tan progresista ni tan de izquierda como algunos sostienen. Las políticas progresistas, creo yo, tienen que ver con objetivos más estructurales y con transformaciones más a largo plazo. Hoy en día, no se sabe bien qué está pasando con la estructura social porque el gobierno ha deshecho los indicadores confiables sobre la pobreza, lo cual menoscaba cualquier discusión seria sobre el tema. Sabemos que hay políticas sociales y que el flagelo de la desocupación es menos grave que en el pasado. Pero no sabemos bien los efectos generales de ese panorama. Sí sabemos que gran parte del empleo generado es en negro, y muchas de las mejorías de los sectores más carenciados provienen de políticas asistenciales dependientes del buen momento económicos, que a su vez depende del precio internacional de las materias primas.
Durante la presidencia de Néstor Kirchner, el discurso era "estamos tratando de salir del infierno". Era un discurso acorde a un país con los problemas sociales de la Argentina, y con muy amplias políticas asistenciales para los sectores carenciados. Luego se pasó a una especie de fiesta y al actual "nunca menos", que convirtió a lo que era un paliativo frente a los problemas sociales en una especie de bienestar general que se debe preservar y profundizar. Gran parte del progresismo aceptó ese discurso, posiblemente tentado por la confrontación con sectores de derecha, con los medios de comunicación, y por la política de derechos humanos. Pero, objetivamente, hay pocos motivos para pensar que este gobierno esté haciendo otra cosa que paliar problemas sociales estructurales que, ante un cambio de coyuntura económica, difícilmente puedan ser sobrellevados como ocurre hoy.
El blog de uno que se considera progre pero que se la pasa criticando los lugares comunes progres. Aunque a veces critica otras cosas.
jueves, 30 de junio de 2011
martes, 28 de junio de 2011
Chequeado
Recomiendo mucho este sitio: www.chequeado.com.
Un sitio que demuestra que, aunque la objetividad absoluta sea imposible, se pueden tratar cuestiones políticas con neutralidad y rigurosidad.
Un sitio que demuestra que, aunque la objetividad absoluta sea imposible, se pueden tratar cuestiones políticas con neutralidad y rigurosidad.
lunes, 27 de junio de 2011
¿Otra reforma constitucional?
Leo lo siguiente, escrito por un bloggero relativamente reconocido dentro del progresismo kirchnerista:
¿Por qué aquellos dos presidentes, que se mantuvieron poco menos de seis y algo más de diez años en el poder, respectivamente, tuvieron la posibilidad de plasmar su visión en un texto constitucional y no podría impulsar un debate similar el actual oficialismo, en caso de que la ciudadanía lo habilite a quedarse en el poder durante tres períodos consecutivos?
Si Cristina Kirchner es reelecta y decide poner en debate un texto constitucional, no haría más que avanzar en una línea que, durante estos últimos años, han puesto en práctica otros países latinoamericanos.
La justificación de siempre: si otros lo hicieron, ¿por qué nosotros no? Que esconde, por supuesto, la discusión de fondo: ¿no es preferible cambiar la práctica de que cada nuevo gobierno instala una nueva constitución y, por supuesto, la reelección? La consecuencia: en los hechos la Argentina no es plenamente una república ni tiene plenamente una constitución. Digamos que una constitución a la cual cada gobierno busca reformar, no es estrictamente una constitución.
Otra cosa: el kirchnerismo es extremadamente anti-republicano. Sencillamente, los kirchneristas no creen que las instituciones sirvan. Cuando hablan de instituciones o de "institucionalización", se refieren a la capacidad de sostener una política coyuntural por un tiempo prolongado. Eso no es una institución, es más bien el reemplazo que cubre su ausencia. En lo que respecta a reglas de juego que todos los actores aceptan y respetan voluntariamente, el kirchnerismo no tiene interés. Conclusión: la Argentina es un país donde, más allá de las relaciones de poder coyunturales, no hay reglas fundamentales claras y estables que permitan imaginar cómo serán las cosas en el futuro.
¿Por qué aquellos dos presidentes, que se mantuvieron poco menos de seis y algo más de diez años en el poder, respectivamente, tuvieron la posibilidad de plasmar su visión en un texto constitucional y no podría impulsar un debate similar el actual oficialismo, en caso de que la ciudadanía lo habilite a quedarse en el poder durante tres períodos consecutivos?
Si Cristina Kirchner es reelecta y decide poner en debate un texto constitucional, no haría más que avanzar en una línea que, durante estos últimos años, han puesto en práctica otros países latinoamericanos.
La justificación de siempre: si otros lo hicieron, ¿por qué nosotros no? Que esconde, por supuesto, la discusión de fondo: ¿no es preferible cambiar la práctica de que cada nuevo gobierno instala una nueva constitución y, por supuesto, la reelección? La consecuencia: en los hechos la Argentina no es plenamente una república ni tiene plenamente una constitución. Digamos que una constitución a la cual cada gobierno busca reformar, no es estrictamente una constitución.
Otra cosa: el kirchnerismo es extremadamente anti-republicano. Sencillamente, los kirchneristas no creen que las instituciones sirvan. Cuando hablan de instituciones o de "institucionalización", se refieren a la capacidad de sostener una política coyuntural por un tiempo prolongado. Eso no es una institución, es más bien el reemplazo que cubre su ausencia. En lo que respecta a reglas de juego que todos los actores aceptan y respetan voluntariamente, el kirchnerismo no tiene interés. Conclusión: la Argentina es un país donde, más allá de las relaciones de poder coyunturales, no hay reglas fundamentales claras y estables que permitan imaginar cómo serán las cosas en el futuro.
jueves, 23 de junio de 2011
El debate en TN
El otro día me contaron sobre la propuesta de Filmus de dar un debate abierto a todos los medios en la UBA. Me pareció una muy buena idea. Después fui cambiando de opinión, más que nada a partir de los argumentos que plantea hoy Beatriz Sarlo en esta columna. Algo que no había tenido en cuenta es lo siguiente:
Filmus, lo más tranquilo, puede decir que no va a debatir en TN después de haber ocupado constantemente las pantallas de los programas periodísticos de ese canal. Quien sólo mire TN ha visto a Filmus muchas veces. Sin ir más lejos, en uno de los programas de la noche ocupó casi media hora, hace quince días; allí recibió uno de los tratamientos más joviales, considerados y tolerantes a los que puede aspirar un candidato. Pero ahora Filmus, que en 2007 no tuvo inconveniente en debatir en TN (y ya estaba el juicio sobre los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble y ya el Grupo Clarín era tan grande como lo es hoy, en parte gracias a Kirchner), alega que no está dispuesto a reforzar ese monopolio con otro monopolio circunstancial del debate, en el caso de que la señal original pueda ser retransmitida por otros canales. Su apoderado no firmó el acta de acuerdo que se había discutido durante varias reuniones. ¿Para qué fueron a las reuniones si sabían que estaban discutiendo con TN y no con un abanico de medios manejados por Mariottto?
(...)
¿Estaría Filmus dispuesto a debatir en la sede de la Universidad de Buenos Aires, que le ofreció el rector Hallú? Por supuesto. Ese es un territorio cuya ocupación por sus partidarios juveniles es imposible de evitar. La UBA nunca detiene el ingreso de militantes. El recinto del Consejo Superior fue ocupado decenas de veces; se impidieron sesiones. La cultura de la UBA es, en este sentido, hiperdemocrática o anárquica, como se quiera. Es difícil imaginar que la UBA establezca medidas restrictivas para el acceso de público. Si se compromete a hacerlo, es difícil que pueda hacerlas cumplir en presencia de grupos dispuestos a entrar, ya que una de las decisiones que no concuerdan con su valiosa tradición de independencia es llamar a la policía.
Los debates se han venido dando en TN y han funcionado bien, y esta vez el canal ofrece abrir la señal para que la transmisión llegue a los canales de aire. El único que quiere cambiar de escenario es Filmus, que forma parte de un frente nacional cuya máxima referente nunca ha dado debates, ni conferencias de prensa, y que utiliza el monopolio de la cadena nacional para transmitir sus mensajes. Por lo tanto, la legitimidad de Filmus para poner condiciones al debate es inexistente. Como si fuera poco, la alternativa que propone es técnicamente mala y políticamente interesada. Siendo que ningún otro candidato ha puesto condiciones, TN parece hasta ahora el ámbito más propicio para el debate.
Filmus, lo más tranquilo, puede decir que no va a debatir en TN después de haber ocupado constantemente las pantallas de los programas periodísticos de ese canal. Quien sólo mire TN ha visto a Filmus muchas veces. Sin ir más lejos, en uno de los programas de la noche ocupó casi media hora, hace quince días; allí recibió uno de los tratamientos más joviales, considerados y tolerantes a los que puede aspirar un candidato. Pero ahora Filmus, que en 2007 no tuvo inconveniente en debatir en TN (y ya estaba el juicio sobre los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble y ya el Grupo Clarín era tan grande como lo es hoy, en parte gracias a Kirchner), alega que no está dispuesto a reforzar ese monopolio con otro monopolio circunstancial del debate, en el caso de que la señal original pueda ser retransmitida por otros canales. Su apoderado no firmó el acta de acuerdo que se había discutido durante varias reuniones. ¿Para qué fueron a las reuniones si sabían que estaban discutiendo con TN y no con un abanico de medios manejados por Mariottto?
(...)
¿Estaría Filmus dispuesto a debatir en la sede de la Universidad de Buenos Aires, que le ofreció el rector Hallú? Por supuesto. Ese es un territorio cuya ocupación por sus partidarios juveniles es imposible de evitar. La UBA nunca detiene el ingreso de militantes. El recinto del Consejo Superior fue ocupado decenas de veces; se impidieron sesiones. La cultura de la UBA es, en este sentido, hiperdemocrática o anárquica, como se quiera. Es difícil imaginar que la UBA establezca medidas restrictivas para el acceso de público. Si se compromete a hacerlo, es difícil que pueda hacerlas cumplir en presencia de grupos dispuestos a entrar, ya que una de las decisiones que no concuerdan con su valiosa tradición de independencia es llamar a la policía.
Los debates se han venido dando en TN y han funcionado bien, y esta vez el canal ofrece abrir la señal para que la transmisión llegue a los canales de aire. El único que quiere cambiar de escenario es Filmus, que forma parte de un frente nacional cuya máxima referente nunca ha dado debates, ni conferencias de prensa, y que utiliza el monopolio de la cadena nacional para transmitir sus mensajes. Por lo tanto, la legitimidad de Filmus para poner condiciones al debate es inexistente. Como si fuera poco, la alternativa que propone es técnicamente mala y políticamente interesada. Siendo que ningún otro candidato ha puesto condiciones, TN parece hasta ahora el ámbito más propicio para el debate.
miércoles, 22 de junio de 2011
Tres cositas
1) ¿Qué sentido tiene que la Presidenta hable de "democratizar" los medios de comunicación mientras utiliza abiertamente la cadena nacional para su campaña política?
2) Macri bien podría, si le conviniese electoralmente, no dar debate en la ciudad. Si la Presidenta no lo da a nivel nacional, Filmus no tendría argumentos para cuestionarlo.
3) Salvo algún acontecimiento imprevisto, todo indica que Cristina gana cómoda, en primera vuelta. A ir pensando en 2015.
2) Macri bien podría, si le conviniese electoralmente, no dar debate en la ciudad. Si la Presidenta no lo da a nivel nacional, Filmus no tendría argumentos para cuestionarlo.
3) Salvo algún acontecimiento imprevisto, todo indica que Cristina gana cómoda, en primera vuelta. A ir pensando en 2015.
lunes, 20 de junio de 2011
Causa Malvinas e identidad nacional
Uno de los mejores libros sobre la cultura política argentina escrito en los últimos años es, a mi juicio, Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura argentina contemporánea, de Vicente Palermo. El argumento del libro es claro y convincente: la causa nacional respecto de las Islas Malvinas ha estado más orientada, durante por lo menos los últimos cincuenta años, a reforzar una cierta identidad nacional que a recuperar efectivamente las islas. Por eso los gestos de la Argentina al respecto tienden a ser grandilocuentes e ideologizados, al punto de que muchas veces no solo no aportan nada al objetivo de la recuperación sino que incluso lo dificultan. Por eso Cristina, que en este punto ha mostrado continuar con la misma tradición respecto de Malvinas, se expresa públicamente sobre el tema con palabras que expresan una ideología de resentimiento frente al Reino Unido. Curiosamente, la Presidenta pretendió darle a este país una lección ética sobre el tema, algo a lo que la Argentina debería haber renunciado luego de la ocupación de 1982.
Muchos piensan que, más allá de la cuestión diplomática (donde los derechos argentinos sobre las islas son mucho más ambiguos de lo que el sentido común nos indica), la causa Malvinas expresa un ser nacional que nos aglutina. Se suele otorgar a la misma un carácter unificante y expresivo de la identidad nacional. Ello lleva a los políticos a buscar aprovecharla con fines electorales, siendo que, en principio, la causa Malvinas se presenta como algo que une a todos y frente a lo cual nadie está en desacuerdo. Poco parece haber cambiado al respecto con la fracasada ocupación del 82.
Esta forma de pensar reproduce una forma de pensar la identidad nacional que es cuestionable y, pienso, anticuada (algo a lo que se refirió Hilda Sábado en este artículo). Presentar la causa Malvina como una cuestión de orgullo nacional induce, en primer lugar, a una errónea interpretación de la historia, cuyas potenciales consecuencias negativas para el país quedaron en evidencia en el 82. Este error consiste en pensar que las Islas Malvinas pertenecen a la Argentina por algún tipo de derecho natural o adquirido que el Reino Unido viola con alevosía. En segundo lugar, ligar la identidad nacional a una causa anti-imperial y, como si fuese poco, territorial, difícilmente nos ayude a pensar el lugar de la Argentina en el mundo en términos más abiertos y dinámicos, acordes a un mundo donde la propia idea de "identidad nacional" está cada vez más en cuestión.
La causa Malvinas es hoy una cuestión ideológica interna antes que un tema internacional, si tenemos en cuenta que la recuperación de las Islas es inimaginable en un plazo razonable. Por eso, repensarla sería una forma repensar la identidad nacional en su conjunto, tal vez más acorde a un mundo que ha cambiado mucho en los últimos cincuenta años.
Muchos piensan que, más allá de la cuestión diplomática (donde los derechos argentinos sobre las islas son mucho más ambiguos de lo que el sentido común nos indica), la causa Malvinas expresa un ser nacional que nos aglutina. Se suele otorgar a la misma un carácter unificante y expresivo de la identidad nacional. Ello lleva a los políticos a buscar aprovecharla con fines electorales, siendo que, en principio, la causa Malvinas se presenta como algo que une a todos y frente a lo cual nadie está en desacuerdo. Poco parece haber cambiado al respecto con la fracasada ocupación del 82.
Esta forma de pensar reproduce una forma de pensar la identidad nacional que es cuestionable y, pienso, anticuada (algo a lo que se refirió Hilda Sábado en este artículo). Presentar la causa Malvina como una cuestión de orgullo nacional induce, en primer lugar, a una errónea interpretación de la historia, cuyas potenciales consecuencias negativas para el país quedaron en evidencia en el 82. Este error consiste en pensar que las Islas Malvinas pertenecen a la Argentina por algún tipo de derecho natural o adquirido que el Reino Unido viola con alevosía. En segundo lugar, ligar la identidad nacional a una causa anti-imperial y, como si fuese poco, territorial, difícilmente nos ayude a pensar el lugar de la Argentina en el mundo en términos más abiertos y dinámicos, acordes a un mundo donde la propia idea de "identidad nacional" está cada vez más en cuestión.
La causa Malvinas es hoy una cuestión ideológica interna antes que un tema internacional, si tenemos en cuenta que la recuperación de las Islas es inimaginable en un plazo razonable. Por eso, repensarla sería una forma repensar la identidad nacional en su conjunto, tal vez más acorde a un mundo que ha cambiado mucho en los últimos cincuenta años.
miércoles, 15 de junio de 2011
Intelectuales curas
Sigo las diferentes reacciones de los kirchneristas frente al episodio Schoklender. Los bloggers K, más atentos a la realidad sociopolítico que a las batallas culturales, eligen el silencio. Asumo que reconocen las falencias del gobierno y de la fundación de Hebe que quedaron expuestas, y que siendo que ellos escriben a favor del gobierno, conviene callar. Los "intelectuales" K, siempre los más fundamentalistas, han optado por exaltar la santidad de Hebe con un fervor literalmente religioso. Esta columna escrita hoy por Forster bien podría haber sido escrita por un cura sobre Cristo.
Pensé en cuestionar lo que allí estaba escrito. Después pensé que no tenía sentido. Sería como cuestionar un sermón. Qué país aburrido para debatir.
Pensé en cuestionar lo que allí estaba escrito. Después pensé que no tenía sentido. Sería como cuestionar un sermón. Qué país aburrido para debatir.
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