jueves, 26 de agosto de 2010

Cobardía mental

Apareció ayer en el New York Times una columna de David Brooks (cuyos artículos son publicados a veces en Página/12), que va muy en línea con los diagnósticos que dieron origen a este blog: hay mucha pereza mental, muchas ganas de repetir pensamientos placenteros, y muy pocas ganas de encarar razonamientos que no nos complazcan. El artículo se refiere, claro, a Estados Unidos, pero creo que sus palabras son perfectamente adecuadas a la Argentina. Acá van algunos fragmentos, traducidor por un servidor (o sea yo):

-... el carácter no es solo moral, sino también intelectual. El heroísmo no solo existe en el campo de batalla o en público, sino también en la cabeza, en la capacidad de afrontar pensamientos desagradables.

-Tenemos un prejuicio de confirmación; seleccionamos la evidencia que apoya nuestros puntos de vista. Somos avaros cognitivos; intentamos pensar lo menos posible. Somos pensadores en manada y ajustamos nuestras percepciones para encajar en el grupo.

-En este clima, somos menos concientes de nuestras numerosas fallas intelectuales, y menos propensos a ser escépticos sobre nuestras opiniones.

-En la competición mediática por atrapar miradas, todos son recompensados por producir contenidos placenteros y reafirmantes. Los resultados se miden por el rating y el número de visitas en la web. Gran parte de los medios, e incluso de la academia, está enfocada en complacer consumidores, sin ponerlos en ningún arduo régimen que edifique el carácter.

-... en general, la cultura pone menos énfasis en la necesidad de luchar contra las propias debilidades intelectuales. La cultura de hoy es mejor en la mayoría de los aspectos, pero en éste, es peor.

-Hay un mercado de vendedores de ideologías, que le da a la gente la posibilidad de sentirse victimizada. Hay rigidez en el debate político. Temas como los recortes impositivos y el tamaño del Estado, los cuales deberían estar amoldados a las circunstancias (a veces es bueno recortar impuestos, otras veces es necesario aumentarlos), son ahora tomados como prueba inflexibles de pureza tribal.

-Para usar una palabra elegante, hay un déficit de metacognición. Muy pocos en la vida pública suelen dar un paso atrás y pensar en la falibilidad de su propio pensamiento, y en lo que deberían hacer para compensarlo. (...) Los rigores del combate desalientan esa posibilidad.

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