viernes, 6 de agosto de 2010

Las "corporaciones" también hacen política

Me parece que eso de hablar despectivamente de "las corporaciones", como si se tratara inherentemente de enemigos del bien común, no sirve de mucho. Es una de esas cosas que tienen más que ver con un cierto resentimiento de sentido común contra quienes tienen mucha plata, que con un entendimiento de qué es y cómo funciona la política. A uno puede gustarle más Madres de Plaza de Mayo que el Grupo Clarín, o más la CGT que la Asociación Empresaria Argentina. Pero eso no significa que unos tengan más derecho a defender sus ideas e intereses que los otros, ni mucho menos que las estrategias utilizadas por unos deban ser condenadas cuando las utilizan los otros.

Wainfeld cuestiona que los sectores a los que denomina "la derecha" desprecien las diferencias entre los candidatos (Reutemann, Duhalde, Macri, Solá, de Narváez), los matices políticos, en su afán por derrotar al kirchnerismo y que llegue al poder alguien más afín a sus intereses. Ello pierde de vista varios elementos.

Primero, si se percibe que los Kirchner son en este momento más contrarios a sus ideas e intereses que cualquier otro candidate, tiene sentido que los sectores opositores busquen que la unidad prevalezca sobre las diferencias internas. Después de todo, es una crítica común que los dirigentes opositores no consiguen ponerse de acuerdo por cuestiones personales que por discrepancias de ideas. Segundo, la polarización política es en gran medida un escenario buscado por el gobierno, que cuestiona duramente a la oposición en su conjunto sin dar lugar a muchos matices. En un escenario polarizado, es natural que los bandos tiendan a unificarse, para maximizar las chances de prevalecer sobre el otro. Finalmente, no veo en esto mucha diferencia entre oposición y Kirchnerismo. En el polo kirchnerista no hay una pluralidad de matices que se contraponen de cara a un proceso de selección, sino que hay un matrimonio gobernante con un proyecto único. Ya lo dijo Hebe: "pingüino y pingüina, si es Kirchner, es bueno". ¿Por qué cabría pedirle otra cosa a la oposición?

Si las "corporaciones" piensan que cualquiera de los candidatos disidentes les resulta mejor que los Kirchner, es legítimo que traten de aglutinarlos. Es tan legítimo como que Moyano y Estela de Carlotto se vuelquen a favor de los Kirchner. No veo, realmente, por qué unos se preocupan menos por poner candidatos que sigan sus ideas e intereses que otros, y no veo diferencias en la estrategias de unos y otros. En definitiva, no entiendo bien por qué la palbra "corporación" se aplica a unos, y no a otros.

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